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The Breakdown [Afiliación Elite]

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The Breakdown [Afiliación Elite]

Mensaje por Thrushecho el Miér Nov 02, 2016 7:56 am


The Breakdown

El cielo ya no es el limite

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Ambientación

"El velo de la noche cubría a toda criatura con su protección y serenidad, ofreciéndoles calma bajo un cielo estrellado. El brillo de la luna se extendía a través de un valle rojizo por lo ancho y lo largo, sobre las formaciones rocosas deambulaban sombras de diferentes tamaños, de apariencia felina y ojos brillantes que se paseaban de un lugar a otro sin preocupación alguna. Veían y observaban como el Manto Plateado se encontraba encima de ellos, esperando una señal de sus antepasados que les sirviese para salvaguardar al clan en el que convivían. Así eran todas las noches sin falta, estos guerreros dirigían su vista a lo más alto, admirando sin cambio alguno ese paisaje que se dibujaba ante ellos.

Noches tras noches de vigilias, en varias lunas que habían visto venir e irse gatos por igual de ese amplio territorio. El velo nocturno empezó a tornarse sombrío y el Manto Plateado desaparecía lentamente, muchos entraron en pánico ante el primer cambio, los guerreros que presenciaban el cielo con temor buscaron y llamarón al Curandero rápidamente.
El Clan del Cielo se encontraba totalmente paralizado, toda figura felina había sido desprovista de todo movimiento. Anonadados por lo que ocurría justo encima de ellos hasta que el Curandero salió de su guarida de entre las rocas y logró contemplar con sus propios ojos: ríos luminosos de tonos celestes y aguamarinos serpenteaban el cielo, parecían devorar lentamente los puntos brillantes que allí se encontraban. Él mismo no entendía que significaban ese espectáculo de luces, se limitaba a observar con asombro e incredulidad lo que no podía comprender. Antes que el felino pudiese articular maullido alguno, un crujido envolvió cada rincón del valle y el lago que se encontraba más allá del horizonte. Unos ojos ambarinos reflejaban todo lo que veían, más sus patas sentían el suelo temblar y su pelaje se erizaba ante el peligro que se percibía. Su mirada se posó en las aguas del río que comenzaron a tornarse turbulentas, agitadas por el temblor de la tierra.

Allá arriba en el cielo, la luna empezó a quebrarse y siendo engullida poco a poco por los destellos celestes que serpenteaban sin rumbo alguno, desapareciendo en la oscuridad de la noche, apenas una silueta de la misma podía mostrarse. Un alarido de parte del Curandero fue escuchado , gimiendo y maullando de dolor. Sin explicación para esta reacción todos los guerreros, ellos empezaron a observar con pavor como el felino se retorcía en el suelo hasta que poco a poco sus ataques cesaron, aun cuando dejo de moverse y parecía desprovisto de cualquier gota de vida, los ojos temerosos querían negar lo que contemplaban.

Silencio. La oscuridad había caído y cubierto a todos con su velo. El cuerpo inerte del Curandero yacía allí junto al río, quien había sido desprovisto de vida alguna, con unos ojos que una vez fueron ambarinos y ahora ni luz propia irradiaban. Un nuevo alarido llamó la atención de todos los presentes, cada uno buscando el origen solo para sorprenderse con lo que se encontraba arriba, en el manto plateado todo empezó a caer, cada punto brillante del cielo desaparecía en un descenso sin fin… cayendo en los territorios del Lago y sembrándose en la tierra al tiempo que se apagaban en el vasto cielo nocturno.

Las sombras comenzaron a asechar a los guerreros tras cada roca, las plantas ahora marchitaban cuando las sombras se paseaban cerca de ellas, desprovistas de la luz de la luna y el agua que las alimentaban, simplemente dejaban de poseer ese color verdoso y tan lleno de vida, volviéndose opacas y un tanto grisáceas. Un enorme sentimiento confusión y caos surgió, creando un pánico colectivo. Entre todo ese mar de gatos sin orden alguno, un Solitario llegó de pronto por uno de los senderos de piedra, farfullando y murmurando maldiciones debido a su tardanza mientras buscaba recuperar el aire, como si hubiese recorrido grandes distancias solo para llegar allí, pero casi nadie había notado la presencia de este intruso.

Sin esperar más tiempo, el atigrado tomó rápidamente el control en mitad del desastre, hablando con la verdad y razón, narrando lo que sucedió en tierras remotas a esa, platicando sobre la oscuridad en el cielo del resto de los clanes. Sus palabras fueron escuchadas por la mayoría de los guerreros presas del pánico. Otros sospecharon de la llegada tan oportuna del felino, queriendo expulsarlo del territorio por tal osadía, ninguno se atrevió pues un maullido se alzó por encima del resto. El Líder aun lamentándose de la pérdida de su amigo y confidente, decidió atender él mismo el problema, mostrándose impresionado por lo que sus ojos encontraron. El atigrado Solitario empezó a contar como los demás líderes habían decidido reunirse, escuchando la voz de una profecía proveniente desde otro territorio y augurando como los cinco clanes debían estar juntos ante esta amenaza. Estrella de Halcón vaciló por unos instantes pero decidió darle un voto de confianza y acatar los consejos del atigrado. La mayoría del Clan del Cielo empezó a abandonar su hogar, por órdenes  del Líder quien iba en cabeza rumbo al Lago para reunirse con los demás clanes, en silencio. Solo algunos se quedaron en su hogar, contemplando con tristeza y enojo como el resto huía en lugar de quedarse, así dándoles las espaldas se internaron nuevamente en la oscuridad de las cuevas.

El viaje comenzó lento, siendo guiados tanto por Estrella de Halcón como por el Solitario en lo que parecía ser un viaje que duró casi un día entero, pero el sol jamás se había alzado en ningún momento. La vista del territorio que se situaba a los alrededores del Lago tampoco era favorable, los bosques del Clan del Trueno y de la Sombra lucían marchitos; las praderas del Clan del Viento secas y frágiles mientras que el Clan del Río poseía sus arroyos tan grises como cortos de vida. Una única zona permanecía con un extraño resplandor, tan vivo como los bosques de antaño, allá en el centro de una la Isla. El Solitario fue el primero en hablar, rompiendo el silencio pero también brindando un poco de esperanza. Indicando que todos debían ir a la isla junto a todos los líderes. Demostrando que el Clan Estelar aun no los había abandonado.

La simple idea de ir al lugar donde se solían realizar las asambleas en luna llena intranquilizaba a la mayoría. Tanto por los comentarios del Solitario sobre que cada clan estaba allí como las siniestras tierras que ahora debían que cruzar, aun así cada uno sabía que era necesario.

La llegada del Clan del Cielo no fue bien recibida por el resto de los clanes que ya se encontraban instalados cada uno por separado del resto, pero ninguno mostraba hostilidad, solo miedo y desconfianza mutua. Los líderes no tuvieron más remedio que realizar una asamblea de emergencia entre los cinco quienes gobernaban el lago y el valle. Desde la Caída —esa noche en la que el Manto Plateado cayó sin mas— cada clan explicó como sus guerreros sufrían en silencio. Guerreros leales desertaban, Proscritos buscaban ayudar, ojos luminosos se asomaban en la oscuridad con una extraña presencia. Algunos gatos eran dotados de una vida que no conocían, resurgieron de entre los felinos multitud de personalidades diferentes, confusos de lo que experimentaban, más ningún líder encontraba la respuesta ante estos eventos.

La asamblea empezó a tornarse violenta, solo el Solitario se mantenía sereno ante esa condiciones  empezó a maullar autoritariamente para calmar al resto, sin éxito alguno. Un extraño resplandor procedió desde las multitudes, todos volteando y girando las cabezas para dar con el origen de este fenómeno. Cinco gatos avanzaron por encima del resto en medio de las discusiones y hostigamiento entre cada clan. Antes eran conocidos guerreros pero su semblante así como su mirada era diferente, uno de cada clan se acercó al centro del conflicto, solo su presencia fue necesaria para acallar a los hostiles y que observaran.

—¡Clanes del Lago, escuchen nuestro llamado!— los líderes dieron un paso al frente para encarar el atrevimiento de sus guerreros pero ninguno pudo articular ni un maullido en represalia a su comportamiento— una calamidad amenaza vuestros territorios. ¡El Clan Estelar ha sido despojado de sus dominios y muchos cayeron aquí! En estas tierras y han acabado acompañando a sus guerreros…
Los murmullos aumentaban en intensidad, confusos por las palabras pero ninguno fue lo suficientemente valiente para preguntar lo que pasaba, más no hacía falta. Los felinos continuaron.
—Nos conocen como ancestros de épocas remotas, hemos presenciado la destrucción y lo que está en el porvenir. Líderes de los cinco clanes. Nosotros los Sabios… tenemos una tarea que encargarles.

El tiempo paso, lunas vinieron y fueron desde que los Sabios —una vez llamados Antiguos por los clanes— descendieron y comenzaron a aconsejar a los líderes y anunciar las profecías Mientras los curanderos habían perdido la conexión con el clan estelar, más no su obligación de sanar a los heridos y cuidar al clan de cualquier desgracia, siendo ahora más necesarios que nunca. Junto a ellos llegaron los Guardianes, seres pacíficos que se dedicaban a vigilar la Calamidad en los distintos territorios del Lago, pero sin entrometerse en la vida de los gatos.
Ahora cada clan observaba como algunos guerreros eran poseídos por entes del Bosque Oscuro y habitados por los espíritus de sus ancestros del Clan Estelar. Los empezaron a llamar Poseídos y Celestiados por igual, ellos poco a poco habitaron entre los felinos de cualquier raza o lugar, se acostumbraron tan naturalmente que parecían haber estado allí desde os inicios de los clanes. Cada uno de ellos con un conocimiento que les beneficiaba tanto a ellos como al clan o sitio de origen.

Por otro lado, el atigrado Solitario había partido lejos del territorio hace mucho tiempo, justo después de la reunión entre los cinco. Sin despedirse ni dándole lugar a ninguno para que pudiesen agradecerle lo suficiente por sus esfuerzos se marchó, solo algunos veteranos y aquellos que sobrevivieron lo recordaban.
Y así…muchos callaron, tratando de olvidar y empezar de nuevo, siguieron recorriendo juntos esa nueva era y respectando las nuevas costumbres que vinieron con esos días aciagos. Ahora el bienestar de los clanes giraba en torno a sobrevivir a la llegada de la próxima Calamidad y de ellos mismos."
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